Para el alcalde de Aller, Gabriel Pérez Villalta, queda «el lado izquierdo para leer, porque, por desgracia, lo que viene a la derecha no lo entiendo». Se lo dijo a Vicente Sánchez, autor del libro «Cancioneru. Lírica d'ayeri y de güei. 30 nueves canciones d'Asturies», que se presentó el pasado miércoles en la Casa Municipal de Cultura de Moreda, durante un acto organizado por el área de Cultura del Ayuntamiento de Aller. Hacía alusión el regidor a la distribución de la obra, con los textos a la izquierda y los pentagramas en la parte derecha, y no quiso dejar pasar la oportunidad de recordar que «aunque Vicente Sánchez sea reconocido como director del "Orfeón de Mieres", también lo fue durante 24 años del "Orfeón de Caborana", en Aller».
Tomó la palabra a continuación Manuel de la Cera, que fue consejero de Cultura entre los años 1983 y 1990 y actualmente presidente del Consejo de Comunidades Asturianas. Comenzó por glosar la importancia de la figura de Vicente Sánchez: «Hace veinte años apenas quedaba una docena de gaiteros y no se veía futuro por ninguna parte; ahora hay más de 3.000, muchos de ellos excelentes, y cualquiera que toque un acordeón en la romería más pequeña de Asturias sabe leer música. Junto a otro allerano, como es Chema Martínez, Vicente Sánchez, como responsable de la Escuela de Música de Asturias, que creamos en aquel entonces, es el principal responsable de que eso ocurra», explicó. En cuanto al libro, en el que el autor pone música desde la tradición a diferentes poetas asturianos, destacó que «elige los poetas que mejor definen nuestra cultura: parafraseando a Pérez de Ayala, la creación asturiana se caracteriza por su imaginación, por un lirismo agridulce y una sensualidad "aldeaniega" de trazo grueso. Además, el autor añade su compromiso social y político».
Vicente Sánchez, que comenzó por desplegar un amplio abanico de agradecimientos, realizó después un breve repaso a la historia del cancionero: «Desde la primera época paleocristiana, el cancionero es un elemento fundamental en el folclore entendido como cultura del pueblo». Tras pespuntear alguno de los momentos claves de la historia del cancionero, desde Gregorio I y su labor recopilatoria en el «Antifonario de los cantos gregorianos» hasta la creación de los modernos orfeones, Sánchez quiso destacar los dos cancioneros fundamentales de la música asturiana, «el de Martínez Torner, con 500 canciones, y el de Gabriel Márquez, con 250». En cuanto a la obra presentada, reseñó con humor que «al menos está garantizada una buena letra, porque los poetas son buenos. Son obras en gallego-asturiano, bable occidental y central, que van desde el humor hasta el sentimiento más profundo, especialmente por la tierra. Siempre se respeta la tradición, a la que se añade cromatismo y una visión más actual». Finalmente, puso sobre la mesa el serio problema que padece la música tradicional: «No se programan en orquestas y agrupaciones musicales las canciones, así que no se generan derechos de autor y sólo se puede trabajar por amor al arte. Es imprescindible interpretar la canción de autor en concierto, actualizar la tradición, ya que un chaval de 20 años no reconoce las claves del mundo rural, pero sí puede actualizarse, crear desde lo construido. El flamenco puro se mantiene, pero a su alrededor han crecido numerosas variantes de autor. Ése es el camino».
Fuente: La Nueva España (26/11/08)
Tomó la palabra a continuación Manuel de la Cera, que fue consejero de Cultura entre los años 1983 y 1990 y actualmente presidente del Consejo de Comunidades Asturianas. Comenzó por glosar la importancia de la figura de Vicente Sánchez: «Hace veinte años apenas quedaba una docena de gaiteros y no se veía futuro por ninguna parte; ahora hay más de 3.000, muchos de ellos excelentes, y cualquiera que toque un acordeón en la romería más pequeña de Asturias sabe leer música. Junto a otro allerano, como es Chema Martínez, Vicente Sánchez, como responsable de la Escuela de Música de Asturias, que creamos en aquel entonces, es el principal responsable de que eso ocurra», explicó. En cuanto al libro, en el que el autor pone música desde la tradición a diferentes poetas asturianos, destacó que «elige los poetas que mejor definen nuestra cultura: parafraseando a Pérez de Ayala, la creación asturiana se caracteriza por su imaginación, por un lirismo agridulce y una sensualidad "aldeaniega" de trazo grueso. Además, el autor añade su compromiso social y político».
Vicente Sánchez, que comenzó por desplegar un amplio abanico de agradecimientos, realizó después un breve repaso a la historia del cancionero: «Desde la primera época paleocristiana, el cancionero es un elemento fundamental en el folclore entendido como cultura del pueblo». Tras pespuntear alguno de los momentos claves de la historia del cancionero, desde Gregorio I y su labor recopilatoria en el «Antifonario de los cantos gregorianos» hasta la creación de los modernos orfeones, Sánchez quiso destacar los dos cancioneros fundamentales de la música asturiana, «el de Martínez Torner, con 500 canciones, y el de Gabriel Márquez, con 250». En cuanto a la obra presentada, reseñó con humor que «al menos está garantizada una buena letra, porque los poetas son buenos. Son obras en gallego-asturiano, bable occidental y central, que van desde el humor hasta el sentimiento más profundo, especialmente por la tierra. Siempre se respeta la tradición, a la que se añade cromatismo y una visión más actual». Finalmente, puso sobre la mesa el serio problema que padece la música tradicional: «No se programan en orquestas y agrupaciones musicales las canciones, así que no se generan derechos de autor y sólo se puede trabajar por amor al arte. Es imprescindible interpretar la canción de autor en concierto, actualizar la tradición, ya que un chaval de 20 años no reconoce las claves del mundo rural, pero sí puede actualizarse, crear desde lo construido. El flamenco puro se mantiene, pero a su alrededor han crecido numerosas variantes de autor. Ése es el camino».
Fuente: La Nueva España (26/11/08)
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